¿Conoces el Síndrome del Objetivo Cumplido?

Descubre de qué se trata este síndrome, cómo funciona y qué puedes hacer para superarlo.

Quienes practicamos deportes nos vemos constantemente expuestos a sufrir ciertas bajas. Golpes y lesiones son parte inevitable de practicar lo que tan feliz nos hace, y por eso, muchas veces dejamos de lado el factor psicológico, que juega un rol importantísimo en nuestro desempeño deportivo.

Es probable que te hayas enfrentado, inclusive más de una vez, al Síndrome del Objetivo Cumplido, aún sin ser consciente de ello. Se suele dar muy frecuentemente entre los corredores, quienes, tras haber conseguido una meta propuesta, obteniendo mejores resultados de los esperados, sienten una repentina y potente sensación de apatía, de estar perdidos, un vacío… ¿Te ha pasado alguna vez?

La explicación científica a este fenómeno radica en nuestro cerebro. Conocida es, por cualquier deportista, la complejidad inherente al proceso de preparación de cara a un gran desafío. Pueden ser semanas, o incluso meses de constante y periódico entrenamiento, además de la presión que crece continuamente conforme se acerca el gran día. Todo este ajetreo genera una gran cantidad de estrés, por lo que nuestro cerebro, en un afán de combatirlo, libera diversas sustancias que nos vuelven poderosos e implacables.

La serotonina, la dopamina y las endorfinas son los principales neurotransmisores que se esparcen, por orden del cerebro, a combatir el estrés. Estas sustancias químicas nos producen profundos estados de bienestar y felicidad, mejorando nuestro día a día en aspectos como el humor, la motivación y, en general, la forma de ver la vida. En resumen, ¡nos vuelven muy positivos! El problema radica en el momento en que nos liberamos del estrés y la presión, bajando los índices de producción de estos neurotransmisores. Esto nos provoca un “bajón” anímico, nos dejamos de sentir invencibles y, por el contrario, comenzamos a sentir el vacío y la apatía.

Ahora bien, esto no es nada definitivo. Tras algún tiempo volveremos a nivelar nuestro flujo de neurotransmisores y esperamos que sea lo más rápido posible. La mejor forma de abordar este proceso es entender que la paciencia es fundamental, que no hay nada de malo en bajar el nivel durante un tiempo para luego volver a subir con más fuerza, es un proceso de recargar baterías, y sin duda, es necesario para nuestro progreso.

También es fundamental que, ahora que lo sabes, realices un trabajo preventivo al respecto: ¡ese objetivo no es de vida o muerte! No morirás si te saltas un entrenamiento, de hecho todo lo contrario, te permitirá encajar de mejor manera el entrenamiento dentro de tu vida, que tiene otras grandes dimensiones. En síntesis, no te sobrecargues.

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